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Qué es un Proyecto de Vida?

Un Proyecto de Vida debe ser algo que nos resulte inspirador. Deben ser aquellas  actividades en la que nos entregamos por completo y que se vuelven una expresión de nuestro propio ser.

Los seres humanos, como seres sociales que somos, hemos sido educados para hacer aquello que se nos enseñan, tanto en casa como en la escuela. Hemos aprendido que para ser felices necesitamos una serie de cosas, que además de hacernos sentir “realizados” nos permiten “encajar” en nuestra sociedad, convirtiéndonos en seres “respetables”.

Cuando le preguntamos desprevenidamente a cualquier persona cuáles son sus metas en la vida la mayoría seguramente responderá que tener una familia, hijos, esposo(a), casa, carro y mascota. Es allí cuando nos hacemos la pregunta: ¿Tan parecidos somos que la mayoría queremos lo mismo? O es que en verdad todas estas son metas que nos han sido inculcadas desde pequeños pero que en muchos casos no expresan lo que en verdad somos como seres únicos e irrepetibles.

Y si estas son las metas que vienen a nuestra mente podemos decir entonces que ¿somos auténticos?

Lamentablemente la autenticidad no es uno de los valores más premiados en nuestra sociedad. Seguir las normas y ser un buen ciudadano sí que lo es. Y no quiero decir con esto que no debamos seguir normas de convivencia, no me refiero a eso. Pero muchas veces cuando alguien me habla de lo socialmente aceptado me hago la siguiente pregunta: ¿Y quién inventó esa norma? y ¿A quién le conviene? Una cosa que he aprendido con los años es que por lo general sirve a aquellos que tienen el control y que les interesa mantenernos tranquilos en nuestra zona de confort. Donde no cuestionamos las normas y por lo tanto no somos un peligro para ellos.

Pero volviendo al tema del Proyecto de Vida quiero decirles que este desvío no fue casual. Más bien fue una forma premeditada de hacernos ver como la mayoría de nosotros tenemos una cantidad de metas aprendidas que no son realmente nuestras, que no expresan los anhelos de nuestro corazón y que nos mantienen adormecidos justo allí a donde a algunos les conviene tenernos. Lamentablemente, no cuestionar fue una de las cosas que, sin saber las consecuencias que puede tener, nuestros padres nos enseñaron cuando respondían a nuestras peticiones con el tan común NO PORQUE NO!

Si, así fuimos creciendo, creyendo que lo que en verdad nos llenaría como seres humanos sería la familia, la casa (cada vez más grande y con una hipoteca mayor), el auto y la mascota. Pobre de nosotros cuando a la mitad o al final del camino nos encontramos con todo esto y un profundo vacío en nuestro Ser.

Y es allí cuando realmente comenzamos a cuestionarnos, cuando ya hemos tenido todo esto y miramos atrás para preguntarnos: ¿Esto ha sido todo? Y si esto era todo lo que importaba ¿por qué no me siento feliz si ya lo he conseguido?

Y este, mis amigos, quizás sea uno de los momentos más importantes en la vida de una persona. Cuando comenzamos a cuestionarnos cuál es nuestro propósito en la vida, si realmente existe uno y cómo hacer para descubrirlo.

Sin querer decirle cuál es la respuesta a esta pregunta, quizás un segundo momento sería en el que nos damos cuenta que no existe un propósito escrito por alguien más, en algún lugar desconocido. Que quizás sí existan muchas lecciones que hemos venido a aprender a esta vida, pero que la felicidad es el verdadero propósito que nos debería ocupar. Y es allí cuando llegamos al “llegadero”. A las preguntas más importantes de todas:

  • ¿Qué es eso que me da felicidad?
  • ¿Cuál es esa actividad (o actividades) que disfruto tanto haciendo, que se pasan las horas sin tan siquiera darme cuenta?
  • ¿Cuáles son esos dones que la vida me regaló? ¿Qué es eso que hago mejor que la mayoría?
  • ¿Y qué pasaría si me dedico a esto? ¿Cómo podría ganarme la vida haciendo esto que tanto amo?
  • Y de no ser posible. ¿Cómo podría llenar más horas de mi día haciendo esas cosas que me hacen sonreír?

Y es esto y más nada que esto lo que debe componer mi Proyecto de Vida. Un conjunto de actividades que me hacen sentir pleno(a). Eso por lo que cada día al despertarme agradezco a Dios por la oportunidad de un nuevo día y que me hace levantarme animada ante la promesa de un día maravilloso por el simple hecho de estar lleno de las cosas que amo hacer.

Y ojo, no me refiero a ser un científico brillante ni un empresario millonario (aunque esto es totalmente válido para algunos), me refiero a las cosas cotidianas que me llenan y me hacen sentir pleno(a) tal como desayunar con mi familia, llevar a mis hijos a la escuela y darles un fuerte abrazo, ayudar a otro ser humano que lo necesita, pintar, escribir, bailar, hacer yoga, nadar, meditar.

Lo importante no es tanto lo que hagamos, sino cómo nos hace sentir eso que hacemos. La vida está llena de oportunidades para ser plenos y felices. Y esa plenitud no está afuera de nosotros. Encontrar eso que más amamos y vencer cualquier obstáculo para llevarlo a cabo (por lo general los obstáculos los ponemos nosotros mismos) es nuestra responsabilidad. Que al llegar el último día de nuestra vida no miremos atrás y nos demos cuenta de que nunca descubrimos quiénes éramos, aquello que más amábamos y cuál era nuestro verdadero Proyecto de Vida.

 

 

 

Escrito por:

Irulu Carolina Labarca

Expertoe

 

 

 






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