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El funcionamiento de la mente humana y su interacción con el colectivo será eternamente interesante por toda la información que puede arrojarnos. En sintonía con dicha interacción, podemos incluso descubrirnos a nosotros en las formas y conductas de los demás. Cabe destacar que en la relación de pareja cuando hay ausencia de inteligencia emocional, las personas pueden ingresar en un camino de conexiones y memorias tóxicas, dolor, sufrimiento, enganches por no perdonar y uno de los elementos más delicados, ver a la pareja reflejada profundamente en los hijos. Siendo está una de las situaciones más comunes en las relaciones de pareja fracturadas, es decir, el divorcio.

Existe una alta probabilidad de que el perdón esté ausente en muchos casos, de ambas partes, un perdón del que nunca se habló por ceder ante escudos emocionales que evitan la frontalidad y la transparencia por sentirnos frágiles al respecto. Las personas simplemente se alejan, se retiran dejando ciclos abiertos a nivel energético y emocional con un resultado catastrófico, siendo entonces los hijos los que inconscientemente asumen la carga de conflictos no resueltos entre sus padres.

Estas situaciones suelen mostrarse tanto en hombres como en mujeres, observar inconscientemente en el hijo a la ex pareja. La mujer mira al hijo y no lo mira realmente, siente allí la presencia del padre, el hombre muchas veces no mira a la hija, siente allí la presencia de la madre, conduciendo tales situaciones a comparaciones, quejas, reclamos y reproches que alejan seriamente a los hijos de los padres. La distancia entre padres e hijos se acentúa cuando los adultos no son conscientes de que los ciclos se repiten en nuestra mente profunda.

Muchas veces las mujeres transitan momentos difíciles a nivel de pareja, los cuales afectan su amor propio y autoestima, la ausencia de perdón da entrada al resentimiento y la amargura cultivada silenciosa y sutilmente en su interior. Tales emociones salen a flote cuando estas mujeres son madres de un hijo varón, cuyo padre se retiró y fue supuestamente el responsable de su dolor y sufrimiento. Este pensamiento en la mente femenina conduce a observar día a día a ese niño crecer y comportarse cada vez más como el padre, sus ojos observan únicamente similitudes opacando en gran medida el amor materno, el calor y la protección que solo la madre puede proporcionar. El hijo va ausentándose y asumiendo roles como hombre que sencillamente no le corresponden, asume la carga del hogar, la protección de la madre y la continua recepción de ataques y reproches que nunca serán para él, son para su padre.

Estas situaciones son sorprendentemente comunes hoy, presentándose con relaciones que no fueron sanamente canalizadas al momento de terminar. Situaciones donde no hubo entendimiento, ni perdón, comunicación y aceptación, deja la energía del conflicto vivo flotando en el ambiente y reflejándose posteriormente en el futuro adulto que hoy es un niño inocente de las decisiones de sus padres.

El hombre no debe mirar reflejos, debe observar a la mujer y cerrar el ciclo, liberando así a la hija de la carga no correspondida. La mujer no debe mirar al hombre en los ojos del hijo, debe cerrar el ciclo directamente con el hombre para liberar al hijo de la carga. Tomando en cuenta que muchas personas heridas, corren el riesgo de no perdonar nunca, por decisión propia, y el resultado es una vida llena de malestar, tormento, frustración y en el peor de los casos, enfermedad.

Si se siente que la otra persona no está en sintonía con nosotros, y que la relación corre el riesgo de transformarse en un campo de batalla, lo más saludable es decir adiós desde el amor, la armonía y el bienestar por nosotros mismos.

Escrito por:
Psicoterapeuta Álvaro Abreu
Expertoe

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