


Por lo general cuando se habla acerca de los abrazos, ésta es connotada como positivos, deseable y hasta curativa en muchos casos. Pero, ¿será que todos los abrazos que ha recibido el lector han sido de esta índole? Hay muchos tipos de abrazos: positivos y negativos, aquí hablaremos de ellos y también los tips para abrazar.
Recuerdo un paciente pequeño de 6 años cuya costumbre era abrazar a todos los adultos con los que interactuaba incluso si eran desconocidos, debido a carencias por las que empezó su proceso terapéutico. A primera vista, esto puede leerse como deseable, amoroso y hasta tierno.
Sin embargo, una personita de 6 años que abraza indiscriminadamente, también se expone a dar mensajes confusos a adultos cuyas intenciones desconoce. En este caso particular recuerdo haber tomado como uno de los primeros ejes terapéuticos la prevención de abuso sexual, ya que estos abrazos indiscriminados eran un síntoma de toda una conducta riesgosa e invisible para este pacientito.
Al no poder medirse tampoco con sus pares, puede ser objeto de bullying por ser “demasiado sentimental”.
No faltan adultos que, aprovechándose de su posición, abrazan sin consultar a los pequeños, los que de alguna manera se ven obligados a recibir “algo” cuyas intenciones no siempre están claras. ¿Acaso los lectores jamás recibieron un abrazo que sofoca? Entonces al igual que este pequeño paciente, es preciso que discriminemos algunas distinciones con respecto al abrazo para no caer en generalizaciones melosas.
Desde lo fenomenológico (es decir lo meramente descriptivo), ¿qué ocurre durante un abrazo? Podemos darnos cuenta que se acercan los pechos, se estrechan los cuerpos, los brazos rodean a la otra persona de forma alternada-intercalada, es decir cuando rodeo a mi abrazado/a con el brazo derecho por arriba y mi izquierdo por debajo, el/la otro/a realiza la acción complementaria. Claro que eso se observa si el abrazo es entre dos personas… ¿Y los abrazos grupales? ¿Y los abrazos a las mascotas? Hay muchos abrazos posibles.
Una vez envueltos los cuerpos con los brazos, pueden ser acompañados por caricias en la espalda, por besos en las mejillas por algún tipo de movimiento. ¿Se dieron cuenta que hay abrazos con intensidades de fuerzas diferentes? La famosa “palmadita en la espalda”, el abrazo apretado y fuerte, el abrazo que viene de parte de uno y no es correspondido de igual manera por la otra persona que se queda tiesa, etc.
¿Han observado acaso lo que le ocurre a la zona pélvica? ¿También la acercamos o los cuerpos se colocan en posición “h” minúscula? (Dibuje con su dedo una h en el aire y me comprenderá). Nos topamos aquí con los prejuicios asociados a lo sexual, “eso” mejor dejarlo lejos a la hora de acercarse a alguien. Pero, ¿por qué? Pienso que se pierde allí una gran parte del poder sensorial del abrazo completo, y es que como verán, van apareciendo más y más distinciones, ¿verdad?, ahora sumamos entonces los abrazos incompletos, mudos, como la h…
Desde el Yoga caracterizamos el pecho (zona de abrazo) como la zona del chakra cardíaco, que se llama Anáhata en sánscrito. Los chakras según el sistema filosófico hindú constituyen remolinos de energía que regulan el cuerpo energético de una persona.
Asociado a la supervivencia física.
Relacionado a la procreación, al placer y a la creatividad física.
Vinculado a la identidad y poder personal.
Que hace de puente entre los que tramitan la energía física más densa y los más sutiles y que es el que posibilita el amor incondicional.
Responsable de la creatividad no física y la manifestación a través de la voz.
De estos siete, el chakra cardíaco (Anáhata) es uno si no el más importante. He ahí el principal atractivo de los abrazos, y es que, en esta zona, que es el área por excelencia del amor, es donde se produce la transmutación de las energías físicas en energías sutiles.
Al parecer cuando nos abrazamos, nos beneficiamos de un flujo de energía transmutada como si abriéramos una canilla horizontal que vierte del corazón de una persona a la otra y viceversa este flujo amoroso que en las personas individuales va de abajo hacia arriba en sentido vertical.
Se habla de que el abrazar mejora el sistema inmunológico y el estado de ánimo. Personalmente pienso que todo aquello que produzca verdadero bienestar emocional, fortalece las defensas, sin embargo, en el abrazo ocurre una conexión particular entre cuerpos que no toda actividad placentera otorga: la comunicación con un otro en vivo y en directo con el corazón abierto. Tal vez sea más correcto decir que abrazar y acercarse a alguien querido debilita las defensas psíquicas que impiden amar, y por lo tanto se vuelven más eficaces las defensas y funciones corporales asociadas con la inmunidad.
Las cabezas, donde residen los ojos, que generalmente solemos usar para evaluar y luego usar el material visual para que la mente juzgue, quedan imposibilitadas en esta tarea. Los corazones se acercan, las cabezas también, pero paradójicamente aparece una distancia interna fundamental para poder sentir, que posibilita en este caso, el no vera la cara, y es por eso que muchas personas cerramos los ojos al abrazar, porque queremos intensificar lo mejor que se pueda la conexión emocional. Claro está, si se trata de abrazos lindos. Hay otros abrazos, ya los veremos.
También nos sincronizamos con la respiración de la otra persona y todo este amalgamamiento tanto de los latidos como del ritmo pulmonar lo que en definitiva implica es la unión, versus la separación. En un mundo en el que la tecnología acerca distancias, pero aleja cuerpos, sentirnos unidos físicamente a otro ser humano nos hace en extremo bien. Rompemos barreras que separan y nos fundimos en un abrazo que nos contiene.
Sin embargo, recuerdo que a algunos niños esto los puede perjudicar porque recuerden que el proceso en un niño para adquirir pensamiento y soporte por sí mismo, es saberse y sentirse separado de su primer entorno familiar.
Entonces querido lector de lo que tenemos que hablar es de la calidad del abrazo más que suponer que atribuirles a todos los abrazos cualidades positivas. Tal vez la sobre estimación del abrazo esté muy difundida debido a la crisis de autoestima que hay actualmente y la poca profundización de los vínculos emocionales en parte por la masificación tecnológica, pero esto es otro tema y no es suficiente para declarar que siempre el abrazo es bueno.
Son los que provienen de la necesidad exclusiva de una sola persona y no contemplan el consultarle al otro acerca de su disponibilidad emocional para abrazar. También podríamos llamarlos invasivos.
Aquellos por ejemplo que dispensan algunos familiares que hace tiempo no vemos. Los que dan algunos padres porque creen que su mera posición los habilita a ellos a dar y obligan al otro a recibir.
Son aquellos que además del acto de abrazar incluyen un sutil pero poderoso mensaje, por ejemplo “no me dejes sólo” “estoy muy angustiado” “no me merezco que me abracen”, etc.
Son los que ocurren mientras que una de las dos o ambas personas “blanquean los ojos” con disimulo aprovechando que no los ven. Se acompañan de pensamientos negativos.
Envían el mensaje opuesto al que los abraza: yo no te quiero abrazar. Son los abrazos con coraza.
Son manipulaciones que buscan controlar la expresión emocional del otro.
Aquellos que se han repetido tanto en distintas situaciones feas que cuando vuelven a ocurrir están desvanecidos, anestesiados, cargados negativamente.
Seguramente hay muchas más situaciones de abrazos que no hacen bien, pero lo fundamental a tener en cuenta es si el abrazo viene con buenos sentimientos o sin ellos.
Es por esto que considero de fundamental importancia la cualidad del abrazo más que el abrazo en sí mismo. Cuando un abrazo va acompañado por una alta activación cognitiva, ideas, y pensamientos, lo más probable es que no sea de buena calidad. En cambio, cuando el pensar más bien se detiene y podemos sentir con fluidez, entonces la calidad energética del abrazo es buena.
Además, es importante tener en cuenta que el abrazo puede ser el inicio para una conversación de mejora de una interrelación o bien la frutilla del postre de la misma. Lo realmente esencial más que el abrazo en sí es la calidad del vínculo que establecemos a través de nosotros mismos con las demás personas. Muchas veces al abrazar a alguien, antes de interactuar con la palabra, introduzco eficazmente una conversación que puede profundizar los lazos con alguien, ya sea porque se habla sobre inquietudes presentes en la relación o porque se reafirma lo que ya se siente en la misma. Otras veces el abrazo es la consecuencia natural de este despliegue humano de mejorar y profundizar el vínculo con alguien y cierra emocionalmente lo que se inició en el discurso.
Una gran amiga residente en Chile me escribió algo por Whatsapp un día en el que no me sentía del todo bien y que se los regalo para concluir con la condición de que lo hagan sea donde se encuentre leyendo el lector.
– Coloca tu mano derecha sobre tu hombro izquierdo y déjala ahí. (Háganlo ahora, ya lo verán)
– Ahora tu mano izquierda sobre tu brazo y hombro derecho.
– Ahora aprieta muy muy fuerte e imagínate que te estoy abrazando, que no te suelto y que estoy allí contigo.
Y surgió el abrazo imaginado que no tiene fronteras espaciales…
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