


Se habla mucho sobre la definición de amor o vida de pareja, de hecho, hay varias definiciones de amor, dependiendo de la formación del que lo enuncie:
Es que en pocos casos se habla del tipo de amor que se necesita para preservar una pareja en el largo plazo y contribuir a la creación y mantenimiento de la unidad familiar que hemos pensado que es el entorno más adecuado para acompañar en el crecimiento y desarrollo de seres humanos equilibrados que hagan de este mundo un lugar mejor.
Una de las definiciones más interesantes es la que hacen los griegos en la que describe que el amor “completo” y “duradero” debe contener cuatro sentimientos esenciales, (definiciones de Wikipedia)
Describe un tipo de amor incondicional y reflexivo, en el que el amante tiene en cuenta sólo el bien del ser amado.
Refiere la atracción sexual y el amor manifestado en términos físicos.
También llamado amor familiar, es el concepto griego utilizado para el afecto natural, como el amor de un padre hacia sus hijos y viceversa.
Definido como el amor menos asexuado, representa la amistad, el compañerismo y el cariño.
Suena razonable que estos cuatro sentimientos combinados proveen casi todo lo que los seres humanos buscamos en una relación de pareja. Lo complicado es entender y trabajar en compensar con el resto de elementos cuándo por avatares de la vida y la propia evolución de los individuos, hacen que se descompensen y alguno de ellos baje de los niveles mínimos necesarios.
En dónde se le da mucha relevancia a la recompensas inmediatas y gratuitas, no se nos enseña que la vida en pareja es una carrera de relevos en dónde cada miembro de la pareja necesita entenderse a sí mismo para ver en qué punto está y en qué punto está el otro en cada momento de la vida, y así poder usar el “testigo” que más necesiten para equilibrar la energía de los cuatro sentimientos que componen el amor según los griegos.
Nos hemos acostumbrado a cambiar de “versión” de un montón de cosas efímeras que nos rodean:
Y casi nos hemos convencido de que cambiar de “versión” en el amor es tan fácil cómo cambiar de teléfono.
No nos han preparado para adaptarnos, para tener resiliencia cuándo las cosas en la pareja no son tan bonitas como nos gustaría, y salimos corriendo a buscar una nueva “versión” en lugar de ver el balance, y usar el testigo adecuado para cada momento, lo que con cierta probabilidad nos lleva a conocer sólo dos de los cuatro sentimientos que según los griegos componen el “amor completo”, con el consiguiente riesgo de que nos pasemos una gran parte de nuestra vida sin experimentarlo con toda la intensidad que nos gustaría.
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