

El estrés tal vez es uno de los términos que más se utilizan para experesas cómo nos sentimos en cualquier ámbito de la vida “Estoy tan estresado/a”, “Mi mamá, mi papá, mi marido, mis hijos me estresan”; “Mi jefe me estresa”, en fin, es una expresión que es de uso común, para de manifestar que estamos angustiados, molestos y/o tensos con algo o alguien.
De hecho, a nivel de publicaciones médicas y científicas se hace referencia al estrés como la “enfermedad del siglo XXI”. Pero, ¿realmente sabemos qué es el estrés? ¿Es tan malo como lo pintan?
El estrés se refiere a las reacciones naturales y necesarias que pone en marcha nuestro cuerpo, con el objeto fundamental de protegernos de lo que éste percibe como una amenaza externa. Es decir, esta sensación de tensión es inevitable, pues corresponde a la adaptación del cuerpo a cualquier demanda que se le haga. Por tal razón, es preciso definir los dos tipos de estrés que el Dr. Seyle identificó:

Hace referencia al estrés satisfactorio, aquella fuerza o excitación positiva que todos llevamos dentro, que nos impulsa y nos lleva a expandir nuestras capacidades para resolver situaciones que en algún momento parecían muy difíciles, generando esa sensación de satisfacción y de logro.
También esas “mariposas en el estómago” que sentimos cuando estamos enamorados o sentimos atracción por alguien en particular y que se incrementa cuando nos sentimos correspondidos. En general, son todas aquellas situaciones de carácter positivo que nos brindan esparcimiento y sensación de bienestar.
Cuando entramos en distrés es como si tuviéramos sólo oscuridad a nuestro alrededor, somos incapaces de ver salidas y sentimos que no hay opciones. Esto pasa porque el distrés genera una serie de disfunciones fisiológicas en nuestro cuerpo que alteran el riesgo sanguíneo del cerebro, lo que empobrece su función, alterando la creatividad, la capacidad de análisis y la toma de decisiones. El distrés mantenido en el tiempo, es decir, crónico, lleva a un estado de desesperanza y de depresión.
Se ha escrito y estudiado mucho sobre esto. Lo que sí es absolutamente claro, es que es a través de las emociones positivas y de situaciones o actividades que las fomenten (hacer deporte, relaciones sociales, obras sociales), es decir, actividades que generen Eustrés se gestiona de mejor forma esa sensación de incapacidad y de “ceguera” ante las posibles oportunidades o soluciones que siempre existen ante cualquier circunstancia difícil.
Es de suma importancia ante la dificultad detenernos a pensar en la forma como nos estamos hablando, qué nos estamos diciendo. El lenguaje tiene poder creador y afecta nuestra manera de relacionarnos con el mundo. El impacto en el cerebro de un ¡YO PUEDO! hace la diferencia entre la parálisis ocasionado por el distrés y la apertura mental a las posibilidades que están allí y que la oscuridad mental no nos deja ver.
En conclusión, lo que se quiere resaltar es que es nuestra mentalidad y nuestra forma de pensar lo que nos da la capacidad de seleccionar la activación de alguno de los dos mecanismos de estrés.
“Soy el amo de mi destino, Soy el capitán de mi alma”
Nelson Mandela
Cada cuerpo es un templo que alberga sentires diferentes, es por esta razón que es corriente no sentirse igual que otra persona que sufra de estrés -o mejor llamado DISTRES-. Algunas personas pueden expresar este sentir con dolores de cabeza, musculares o estomacales, así como mal humor o irritabilidad.
Es importante aprender a diferenciar qué situaciones le provocan estrés (a estos se les llaman tensionantes). Dichos tensionantes pueden ser amigos, familiares, trabajo, hijos, escuela, relaciones, dinero o problemas de salud. Una vez que sepa queé le ocasiona el estrés podrá idear las mejores alternativas para sobrellevar estas situaciones.
Aunque en el momento estos parezcan ser la solución, a la larga sólo te dañarán y pueden crear un círculo vicioso en tu entorno. Recuerda que tienes el control y puedes salir de cualquier situación si buscas las herramientas correctas.
Es bastante difícil decir que no nos vamos a estresar más, que nos vamos a alejar de nuestra vida cotidiana para no estresarnos. Aunque esto sería algo grandioso si estamos bajo mucho estrés, rara vez lo podemos hacer, es por esto que recomendamos algunas pautas para afrontar de manera positiva toda esta carga que sientes hoy en día.
Trata de nivelar de una manera equitativa tus labores y deberes, con las cosas que te gustan, te hacen sentir bien y te relajan.
Utiliza aplicaciones, el celular o una agenda. Incluye en esta lista tu Hobies y distribuye tus actividades para que no se acumulen todas a último momento, porque esto puede generar gran tensión. Trata de disfrutar al máximo al realizar todas tus actividades, bien sea con música o una taza de té.
El ejercicio, además de proporcionarte mayor energía, ayuda a deshacerte de esos pensamientos negativos. Además, mientras te desahogas y te diviertes de una forma saludable, tu cerebro libera químicos que te hacen sentir bien.
No solamente se trata de dormir, se hace referencia a dormir bien y dormir lo suficiente. Si descansas suficiente, te levantas con una mejor energía y con la mente clara para afrontar las decisiones de cada día.
Cuando te sientas muy decaído(a), tómate un tiempo para ti y haz algo que realmente le guste. Puede ser leer un buen libro, escuchar música, ver una película, salir a comer con un amigo. Dedícate un momento que sea solamente para ti.
Cuando hablamos de comer bien no se trata de hacer una dieta o cohibirse de todo, recuerda que la idea principal es conseguir un equilibrio y que te sientas a gusto. Fácilmente te puedes comer un helado o ese postre que tanto te gusta, eso no está mal, siempre y cuando esa no sea tu fuente de energía principal. Debes comer comidas completas, verduras, vegetales granos y proteínas, que ayuden y aporten esa energía que tanto necesitas.
Si identificas que tu estrés es por el trabajo o exceso de actividades en el hogar, debes aprender a pedir ayuda y a decir que NO cuando sea necesario, recuerda que es por tu salud.
El estrés y la ansiedad son dos términos que están estrechamente ligados, puesto que el estrés es producto de un factor tensionante y la ansiedad es el estrés que continua una vez que este tensionante se ha ido.
Aunque hay personas que confunden estos términos por su estrecha relación, se podría decir que cuando el estrés se prolonga en el tiempo, de una forma excesiva, se desarrollan una serie de emociones desagradables llamadas ansiedad, ira y depresión.
El estrés suele tener como manifestación la ansiedad, en cuyo caso se trata de una respuesta emocional provocada por un agente desencadenante (denominado agente tensionante) que puede ser interno o externo.
Ayuda a que el organismo y todo el sistema se pongan en alerta para la prevención de una «supuesta crisis» y varía según el estímulo que la produzca. Además suele venir acompañada de sentimientos como inquietud, angustia, nervios y miedo.
La ansiedad patológica es una respuesta desproporcionada a un estímulo determinado. Como resultado de ello, el individuo se ve incapaz de enfrentarse a situaciones, lo que trastorna su vida diaria. En ese caso, ha de ser tratada por profesionales especializados, como psiquiatras y psicólogos.
El estrés puede tener o no consecuencias perjudiciales para nuestra salud y esto dependerá del nivel de estrés al que te estés enfrentando y si dicho estrés es frecuente o no.
Un poco de estrés no hace daño, puesto que como se ha referido anteriormente, es una respuesta natural del cuerpo frente a una situación determinada. Pero debemos estar atentos a que el estrés no sea excesivo y una forma de saberlo es si se presentan síntomas como dolores de cabezas frecuentes, estreñimiento, cansancio excesivo, decaimiento, tensión en los músculos, variaciones de pesos irregulares, insomnio o somnolencia.
Puede llegar a ocasionar desestabilidad en la presión arterial, déficit en las defensas del organismo, diabetes, acné, eccemas, depresión, ansiedad o problemas derivados de la tensión constante como contracciones musculares.
Una serie de estudios afirman que el estrés laboral es uno de los más frecuentes. Es por esta razón que la prevención y el tratamiento es vital en los casos donde no sabemos cómo controlar el estrés de la vida cotidiana, a través de meditación, apoyo psicológico, actividad física y una adecuada alimentación.
En ocasiones, el estrés generado por las situaciones cotidianas, es el verdadero origen del malestar físico y emocional. Nuestros terapeutas pueden ayudarte a sanar.
Autor: Luisa Alexandra Gaitán G.
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