


¿Quién no quisiera tener el secreto para pensar en positivo? ¿Quién no se ha roto la cabeza tratando de empalmar los dulces textos de auto-ayuda new-age con lo que ocurría en su sitio actual, en la porquería personal de cada uno difícilmente modificable?
Sienta las bases científicas para esta propuesta en extremo interesante y poderosa, pero en verdad, salvo que seas psicólogo es una literatura que francamente aburre con los datos, las pruebas experimentales y las conclusiones o al menos esa es mi opinión incluso siendo un profesional de la psicología.
Es una propuesta fascinadora, pero poco sustentable en el tiempo y plagadas de potenciales auto-engaños psicológicamente no saludables. ¿Cuánto durará en promedio la motivación tras “inyectarte” frases de El Secreto o tras escuchar conferencias de Deepak Chopra? Un mes, dos, tres como mucho, ¿verdad? Claro que depende de la persona, de su estructura interna, de su espíritu de búsqueda etc., pero al fin y al cabo el pensar en positivo se convierte en un rompecabezas al que suelen faltarle varias piezas claves que te comentaré en este artículo.
Por lo general las personas cuando hablan de “ser positivas” crean un estereotipo de persona totalmente motivada, con todas las pilas puestas, que jamás experimenta emociones negativas, o si lo hace las combate cual karateca entrenado, alguien que irradia alegría sonrisas y buenas esperanzas para todos, un sujeto que ve la vida en rosa y a la que el Universo le sonríe y por supuesto premia con un éxito tras de otro.
Así es por lo menos el objetivo de muchos que se meten de cabeza, y nunca mejor dicho “de cabeza” en estos cursos prometedores y breves de positivismo, olvidándose sobre todo de incorporar el resto de su cuerpo por supuesto con toda la negatividad allí instalada.
Unos meses de motivación, varios meses de angustia “in crescendi” y finalmente la reaparición de los viejos síntomas con peligrosas creces, además de la frustración de “¡una vez más!” no haber logrado el objetivo.
No pensamos en negativo porque somos estúpidos o porque vinimos fallados, la negatividad cumple funciones y pretender erradicar algo que cumple una función es como querer extirparse el hígado por ejemplo sólo porque nos duele.
Desde la ley de atracción se nos enseña que la realidad es producto de los pensamientos que hemos tenido en el pasado, y eso es muy cierto. Incentivan entonces a cambiar los pensamientos para generar una nueva realidad, y eso también es muy cierto, y eficaz. La falla está en olvidarse de lo que ya se ha creado, lo que ya está manifestado, la realidad presente displacentera y pretender que desaparezca con el sólo cambio de pensamiento. Es preciso HACERSE CARGO de la propia inercia mental y escuchar el mensaje de la negatividad. Por lo general la negatividad nos remite a auto-conocernos más y mejor, buscando aclarar nuestros valores, soltando las pretensiones de querer cambiar a las demás personas metiéndonos con su libre albedrío y sobre todo a reconocer que tenemos creencias que es preciso ir desarmando poco a poco para poder avanzar de forma saludable.
Cuando analizamos la negatividad de una persona encontramos casi inmediatamente la segunda pieza faltante que es la habilidad para discernir QUÉ ES MI PROBLEMA Y QUÉ ES PROBLEMA DE ALGUIEN MÁS y aceptar que cada persona tiene derecho a elegir lo que quiera. ¡Cuántos consejeros supuestamente bienintencionados nos encontramos en los territorios de lo espiritual! En verdad son manipuladores disfrazados incapaces de aplicar en sí mismos lo que recomiendan dulcemente (y tortuosamente) a los demás.
NO PUEDO CAMBIAR A NADIE QUE NO QUIERA SER CAMBIADO. Por lo tanto, ocúpate de que tus metas, aquellas que quieres reforzar pensando en positivo y que te involucren solamente a ti. Olvídate de dar consejo y de andar pontificando en nombre del Universo y demás. Verás cómo te vuelves una persona más positiva con el sólo hecho de meter tus narices en tus cosas.
La realidad es un concepto construido en base a todo lo que contiene la caja mental de una persona. Lo que muchas personas creen real y sobre lo que piensan negativamente son una serie de suposiciones sobre cuestiones que no se han tomado la molestia de indagar saludablemente.
El fenómeno de leer la mente de los demás, el de pensar por el otro, el de suponer (generalmente lo peor), el pretender que el otro me lea (y por supuesto me satisfaga como mamá o papá o que los supere) y demás distorsiones en el proceso del pensamiento y el lenguaje hablado son los que acompañan toda clase de neurosis y paradigmas disfuncionales como por ejemplo el de la “media naranja”.
La pieza central que encontramos ausente es la de las ACCIONES MADURAS para dejar la ansiedad en un punto operativo. Apelemos a la lógica.
Es tal vez hacer un plan de pago, para quedarme lo más tranquilo posible, o tal vez bien pedir dinero, en fin, encontrar alguna solución para este tema inmediato que ya está manifestado y que me aqueja, A LA PAR que activo pensamientos nuevos y optimistas que me empoderen. Lo mismo aplica para querer hacer desaparecer el sobrepeso o atraer a la pareja ideal.
No estoy diciendo que debamos volvernos pesimistas, realistas, densos y sin esperanzas, no. Eso es otra cosa, lo que digo es que no hay por qué entrar en negación y en auto-engaños que finalmente se pagan caro.
Lo que valoras ya sea positiva o negativamente hoy en día, puede cambiar drásticamente si mañana ocurre alguna catástrofe natural, si te diagnostican una enfermedad terrible o si pierdes de pronto todo tu capital. Si antes valorabas tu dinero, en medio de una guerra te da igual si el dólar subió o bajó; o si de repente pierdes la salud, ya no te lamentas de que no esté a tu lado tal o cual persona.
Los seres humanos vamos colocándole valor a lo que ocurre y por lo tanto vamos construyendo con signos positivos y negativos un concepto de realidad. Al querer aplicar el positivismo hay una demanda implícita a modificar la realidad presente que no nos gusta, pero ¿se podrá eliminar la negatividad sin tener en cuenta el proceso subyacente PERSONAL que encontramos detrás de la misma? Definitivamente no es ni saludable ni siquiera es posible.
Por lo tanto, para pensar en positivo es preciso comprender cómo es que una persona cataloga como negativa alguna realidad que construye y trabajar para desarticular este proceso previo, a la par que se instalan nuevos circuitos neuronales con un pensamiento maduro de auto-apoyo. No es que está mal pensar en positivo, lo que no está bien es negar lo que ocurre con la excusa de la positividad.
Son las que pueden enseñarnos mucho acerca de qué es en verdad pensar en positivo. Ellas nos demostrarán con su ejemplo que no se trata de quitarse lo negativo, sino de la habilidad de poder acompañar lo que ocurre en la realidad con pensamientos empoderantes.
Es decir que no proyectan la negatividad de sucesos pasados en una situación neutra del presente, sino que buscan acompañar lo desagradable que pueda estar ocurriendo con una forma de pensar que les convenga más y que les abra mayores posibilidades reales de acción. A esta altura recién es cuando resultan totalmente provechosas, convenientes y poderosamente eficaces las técnicas para pensar en positivo, aplicadas en un proceso que incluya las piezas faltantes que mencioné anteriormente.
No hay que ser ingenuos, tampoco responsables pesimistas. Pensar en positivo implica generarse auto-apoyo auténtico no a base de luchar contra la negatividad sino de escucharla e integrarla en un crecimiento alegre.
Escrito por: Germán Peralta Danderfer
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