


Una discusión de pareja y un debate son dos cosas diferentes, ya que en el debate los adversarios deben conquistar posiciones. Los participantes de un debate sí son adversarios mientras que en una discusión las personas se juntan para llegar a una conclusión que sea aceptable para ambos.
Por otro lado, una discusión no es una conversación. Mientras que una conversación puede ir por un rango o una variedad de aspectos, una discusión está focalizada en un tópico específico o una lista de tópicos.
Una conversación generalmente no tiene un propósito particular pero una discusión está orientada a un objetivo definido.
En una discusión puede ser que se quiera resolver un problema, decidir sobre un curso de acción, o reconciliar opiniones que están en conflicto. Discutir algo es por definición trabajar en pro de resolver una pregunta a través de un mutuo análisis de hechos, ideas y unos puntos de vista.
El punto inicial es tomar conciencia, a medida que estamos en el proceso de la discusión, de darnos cuenta de qué se trata el aspecto en discusión. Porque debemos tomar en cuenta que la discusión es para llegar a un acuerdo a un entendimiento de cada una de las partes. El punto final de una discusión tendría que ser: “esto es algo que podemos resolver…”
No podemos decir que el conflicto debe ser evadido, al contrario, lo mejor es hablarlo de forma franca sin ofender al otro y mantener siempre una buena relación. Si algunas opiniones o hechos no se hablan no se puede llegar a la resolución del conflicto.
La actitud agresiva o vehemente no contribuye en nada en el proceso de discusión, al contrario, se puede constituir en un búmeran y el otro reaccionar de la misma manera.
En esas discusiones críticas donde la conversación se inicia con un “tenemos que hablar……” es importante que en el proceso de la conversación se hable de las conductas o hechos que se quieren plantear, sin atacar de forma personal al otro. No es lo mismo decir: “A mí me molesta la forma que estás actuando cuando…” A decir: “hay algo malo en ti porque…”. Se puede observar que en esta última afirmación se está atacando a la persona directamente y no a la conducta que realiza y que ahí sí se puede pedir un cambio, que es lo que finalmente se desea.
El punto inicial para saber si se está escuchando al otro es concentrarnos en lo que el otro dice, y parar mentalmente lo que yo llamo chateos internos o tratar de pensar en lo que le voy a contestar, en vez de escuchar realmente lo que el otro plantea. Después que el otro ha concluido su planteamiento, el resumir su planteamiento y validar si se ha escuchado correctamente es un buen paso para aprender a escuchar.
Escrito por: Conchita Caparrós
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